IMPORTACIÓN, ¿LA NIÑA FEA DEL COMERCIO INTERNACIONAL?

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A todos los que escribimos sobre comercio exterior nos pasa lo mismo (a mí el primero). Siempre hablamos de vender, de exportar, y en la mayoría de ocasiones obviamos la importación, la compra en el exterior. ¿A qué es debido esto? Según yo creo, principalmente a los siguientes clichés:

1.- Estamos para ganar dinero, no para gastarlo: Vale, eso es cierto. Pero también lo es que si queremos vender necesitamos un precio y unos plazos de entrega ajustados, y ahí nuestros proveedores son claves. Quizá pasamos demasiado tiempo pensando en cómo llegar a nuevos clientes y vender que en cómo optimizar nuestros precios, con proveedores más baratos, o quizá con género de más calidad (según el sector de clientes dónde queramos llegar) o que puedan servirnos en un tiempo menor, y no tengamos a nuestros clientes fastidiados preguntándonos una y otra vez que por qué no llega su pedido. Tenemos que tomarnos igual de en serio nuestras exportaciones que nuestras importaciones.

2.- Es mucho más fácil importar que exportar: Esto puede ser cierto, pero tan sólo en parte. Es verdad que actualmente hay exceso de oferta internacional en casi cualquier producto que imaginemos. Para la gran mayoría de mercancías tendremos a una buena cantidad de vendedores, precios y calidades. Encontrar la importación que deseamos, visto desde ese punto, es mucho más fácil que encontrar un cliente internacional. Sin embargo, comprar fuera requiere también tener otras cosas en cuenta. Gestionar el papeleo, tener en cuenta los costes del arancel, si el tipo de cambio nos es favorable, etc. Saco la misma conclusión que en el punto anterior. Si nos tomamos igual de en serio nuestras importaciones que nuestras exportaciones podemos ayudar a incrementar las segundas.

3.- Todos necesitamos exportar, no todos necesitamos importar: Este sí que es un argumento imbatible. Totalmente cierto ya que “cada producto es un mundo” y esto no lo podemos evitar. A muchos les bastará con sus proveedores nacionales “de toda la vida” con los que les va fenomenal. Otros, por su tipo de producto, ni siquiera necesitarán proveedores (no serán muchos, por lo que la experiencia me dice). Aquí tengo que volver a la idea de la mejora constante: ¿nos hemos planteado qué perdemos y qué ganamos cambiando a nuestro proveedor?

Terminando ya, entiendo que no nos guste tanto comprar como vender en nuestra empresa, pero, visto lo visto, ¿no merecen nuestras importaciones ser tratadas al menos igual de bien que nuestras exportaciones?

 

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