Brexit: el corazón o la cartera

Pluck

Reino Unido, una vez más, ha jugado bien sus cartas. En una posición negociadora favorable, ha logrado obtener un acuerdo bastante beneficioso con la Unión Europea para asegurarse una campaña por el “Sí” en el referéndum de pertenencia a la UE por parte del Partido Conservador, actualmente en el gobierno.

Desde que ganase las elecciones en 2010, el Primer Ministro David Cameron ha seguido una política económica a mi juicio, bastante acertada. Impuestos asumibles y una simplicidad administrativa a la hora de crear negocios (tanto para residentes como para no residentes) han devuelto a Londres el brillo como centro financiero mundial de épocas pasadas.

El mercado laboral británico también se ha visto enormemente influenciado por esto. La expansión en la oferta de empleos ha supuesto un mercado laboral flexible (en la que los trabajadores no tienen miedo a dejar su trabajo puesto que saben que existe facilidad para encontrar otro) que roza el pleno empleo, y ha supuesto un polo de atracción para emigrantes de casi cualquier punto del planeta (desde los conocidos casos de nuestros compatriotas, pasando por ciudadanos europeos provenientes de Europa del Este, hasta los migrantes sirios y subsaharianos que se agolpan en Calais esperando dar el paso).

Éste es precisamente el punto de conflicto. El gobierno británico sabe que su país necesita (o necesitará en breve) mano de obra, pero no a cualquier precio. Su amplio sistema de ayudas sociales puede hacerse insostenible con la libre circulación de personas dentro de la Unión Europea, que ya no tendrían parapetos en cruzar el Canal de la Mancha para buscar un empleo. Ahí radica el problema.

Sin embargo, aunque una salida de la Unión Europea pueda resolver este problema, a la larga sería peor. Ambos lados perderían. Si se fuerza una salida de la UE, no veo forma en que pueda ser amistosa y con alta probabilidad volveríamos a conocer los aranceles (difícil justificación se podría tener a mantenerse en el EFTA). A pesar de esto, lo más doloroso para Reino Unido sería la pérdida de libre circulación de capitales entre miembros de la Unión, justo lo que le permite su liderazgo financiero mundial. Incluso sus colonias (como Gibraltar) perderían credibilidad en su principal modo de subsistencia.

En resumen, creo que el Reino Unido sale favorecido del acuerdo recién firmado con la UE y que un Brexit perjudicaría a ambas partes. La decisión final la tendrá el pueblo británico en referéndum, votando entre un hartazgo europeo comprensible (pero que a largo plazo no llevará a nada bueno) o el mantenimiento de un status quo que beneficie a ambas partes. Yo lo tengo claro, pero tendremos que esperar hasta junio de este año para saber qué pasará. Estaremos atentos a una de las noticias que más pueden influir en el comercio internacional.

 

 

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