CETA: ACUERDO UE-CANADÁ, UN OASIS EN EL DESIERTO

El Parlamento Español ha ratificado recientemente el Acuerdo Económico y Comercial Global entre la Unión Europea y Canadá (CETA, por sus siglas en inglés). Éste deberá ser aprobado por los distintos parlamentos de los países miembros para que entre totalmente en vigor.

Se abre aquí una oportunidad estupenda para establecer relaciones comerciales con clientes canadienses de forma más barata, y sencilla burocráticamente hablando. Es uno de los países más desarrollados y estables del planeta, lleno de consumidores con alto poder adquisitivo que sin duda merecen ser tenidos en cuenta. Culturalmente, no están lejos de cualquier país del norte de Europa, y productos que funcionen bien en esa zona, podrían hacerlo igualmente en el Reino del Arce.

La Unión Europea y Canadá están dando un ejemplo al mundo frente a los vientos de proteccionismo que soplan desde Washington. Las naciones que creen en el libre comercio como un ejercicio de avance y progreso, deben estar aún más unidas que antes y demostrarle al resto sus ventajas.

Hoy mismo ya se oyen rumores en Hamburgo sobre un posible acuerdo de libre comercio entre EEUU y el Reino Unido, paso natural tras el Brexit, aunque creo que es más un intento de acercar a Londres a la órbita estadounidense que una apuesta decidida por el libre comercio, ya que, al igual que ocurre con Canadá y la UE, un acuerdo de estas características entre similares carece prácticamente de riesgo.

La tendencia al libre comercio, pese a las dificultades, continúa. Ya se prepara otro posible tratado en los mismos términos EU-Japón. Histórica y estadísticamente está demostrado que estos acuerdos tienen efectos netamente positivos. Es cierto también que este tipo de pactos causan mucho recelo, y cierto temor a pérdida de derechos laborales al igualarse con los de la otra parte, aunque esto no tiene porque ser siempre así.

Además, si nos quedamos aislados del resto por miedo a perder esa “calidad” en nuestros derechos laborales, acabaremos perdiendo competitividad, ventas, y por tanto, a la larga, nos quedaremos sin generación de riqueza y sin ese empleo que pretendíamos defender.

De cualquier forma, estos acuerdos también pueden ser vistos al contrario, como una oportunidad para que muchos países mejoren sus condiciones laborales, sus libertades civiles o su calidad democrática si quieren sumarse a estos tratados de libre comercio, especialmente los menos desarrollados.

En mi opinión, este debe ser el camino a seguir. Ampliar estos acuerdos a países menos desarrollados, condicionándolos a igualar su legislación laboral, social, civil y democrática a la de la Unión, para paliar un poco el efecto indeseado anteriormente mencionado.

No perdamos de vista mientras tanto las inmensas posibilidades que ofrece un país como Canadá.

Más:

A fondo: Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA)

El Congreso apoya el CETA entre la UE y Canadá

¿Qué es el CETA?

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